La base de la dieta rural, una de las respuestas para resolver la deficiencia de micronutrientes.

Por: Cailin Campbell y Annelisse Escobar





En Guatemala, la historia de la creación maya enseña que los primeros abuelos fueron hechos de maíz. El Popol Vuh, el libro sagrado de los mayas, explica que sus cuerpos estaban hechos de mazorcas de maíz amarillas y blancas y sus brazos y piernas estaban hechos de masa de maíz. El maíz es sagrado porque nos conecta con nuestros antepasados. Durante siglos, el maíz ha sido el corazón de la cultura guatemalteca y la base de la dieta guatemalteca. Es el patrimonio alimentario, como comenta André en un blog de Raíces. Las tortillas de maíz, en particular, son el pilar de todas las comidas y, hasta el día de hoy, el Ministerio de Agricultura estima que cada guatemalteco consume 251 librasde maíz cada año.


Ahora en la comunidad de La Pinada, San Andrés Itzapa, Chimaltenango, vive Don Antonio, un orgulloso agricultor de maíz maya kaqchikel. Con cuarenta años de edad, ha estado cultivando maíz durante 35 años con la guía de sus abuelos y padres. “Toda nuestra vida hemos sembrado maíz, desde que sentí la vida. Es nuestra cultura. Por eso me acompañan mis hijos y por eso les he enseñado. Dependemos de la siembra [de maíz]”, agrega Don Antonio, ex presidente del COCODE de La Pinada. Estima casi todos de los miembros de su comunidad son agricultores kaqchikeles de maíz y frijol.


Don Antonio plantó la semilla híbrida biofortificada con más zinc, hierro y calidad proteica (no- organismo genéticamente modificado), Fortaleza F3, por primera vez este año para aumentar los rendimientos y los ingresos de su familia. “Tengo la esperanza de que vamos a tener muy buenos resultados”, concluye, “Todos mis hermanos en la agricultura y yo seguimos en la lucha”. La dependencia en los cultivos básicos para el autoconsumo de un agricultor familiar la hace una actividad de alto riesgo, vulnerable a impactos del mercado desde un alza de precios en los fertilizantes hasta una tormenta que acabe con la siembra.




Esta semilla biofortificada contiene 39% más de zinc, 19% más hierro y hasta el 80% de mayor calidad proteica que el maíz convencional. Estas características genéticas se lograron a través de mejoramiento convencional, una técnica utilizada por más de 100 años en la mayoría de los cultivos que consumimos.


En Semilla Nueva comprendemos también la justificación económica de por qué el maíz es tan consumido. El costo promedio de una libra de maíz es de Q 1.00 comparado a los Q 5.00 de una libra de frijol. Con una libra de grano de maíz se podrían hacer hasta 16 tortillas que acompañan el tiempo de comida de dos personas. Es por ello que promovemos el uso de una semilla con más nutrición que pueda ayudar a cerrar las brechas nutricionales causantes del retraso al crecimiento (desnutrición crónica). En el 2021 llegamos a alrededor de 12,600 agricultores con maíz nutritivo.


El hijo de Antonio, Luis, expresa: “El maíz es lo principal que comemos en casa. Sembrar [maíz] tiene un propósito importante porque es nuestro alimento. Nos ayuda a no tener esta enfermedad, esta desnutrición”. Su cosecha de maíz ayuda a asegurar que nunca falte comida en su mesa. Luis dejó de asistir a la escuela hace cuatro años y no la terminó. La baja escolaridad de los padres aumenta el riesgo de la desnutrición en el hogar, Luis tiene un hijo de dos años.


Para cientos de miles de agricultores en toda Guatemala, como Don Antonio y Luis, el cultivo del maíz es más que un sustento y nutrición, también se trata de honrar el legado de sus antepasados, preservar siglos de cultura y vivir en armonía con la tierra. Por eso en Semilla Nueva elegimos trabajar con siglos de cultura y no en contra. Nuestra semilla de maíz biofortificada mejora la nutrición y los ingresos sin confrontar la dieta, el comportamiento o la cultura.




Llegar a más agricultores como Antonio es el corazón de Semilla Nueva. De la mano de la ciencia buscamos mejorar el sistema alimentario poniendo más disponible y asequible un recurso nutricional para dieta rural como lo es el maíz biofortificado. Buscamos que este modelo opere a escala, es decir que el grano también llegue a los mercados locales y más familias, escuelas, tortillerías y consumidores que no siembran maíz. Según un modelo ex – ante elaborado con el Instituto de Nutrición de Centroamérica y Panamá si se llegan a sembrar 130,000 hectáreas de maíz biofortificado, 1.4 millones de personas eliminarían la brecha de zinc en su dieta. Una semilla a la vez.




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