¿Todavía hay esperanza en el transporte público?


Entradilla: La necesidad de modelos alternativos de subsidio al transporte público, en Ciudad de Guatemala, se hizo aun más evidente durante 2020, año en el que la pandemia por COVID-19 forzó a la población a quedarse en sus casas y a evitar los lugares demasiado congestionados, como el mismo transporte público.


Actualmente, en Ciudad de Guatemala, el único que recibe subsidio al transporte público es el manejado por la Municipalidad de la misma ciudad, el cual se mueve únicamente dentro de sus límites y, por lo mismo, se considera transporte urbano. Hace algunos años, antes de la crisis sanitaria mundial de 2020, el subsidio que le era otorgado a los dueños de transporte urbano para el mantenimiento de sus unidades era manejado de forma poco (por no decir nada) transparente y sus beneficiarios, los dueños de las unidades, no eran fiscalizados por ninguna autoridad. Esto provocaba que dichas unidades se mantuvieran en pésimas condiciones, circularan saturadas y sobrepasando los límites de velocidad; el subsidio, por lo tanto, no llegaba a sus beneficiarios finales, los usuarios del transporte.


Según el diputado Edgar Batres, representante del Congreso de Guatemala por el partido Winaq, el último año en el que se otorgó un subsidio a los dueños del transporte urbano fue 2015, el cual apareción en los registros del Presupuesto General de la Nación por Q 25 millones. Dicho subsidio debía ser entregado y supervisado por el Ministerio de Comunicaciones y, supuestamente, contemplaba un pago para los adultos mayores.


Recapitulando, entonces, ¿cuáles son algunos de los retos que enfrenta el subsidio al transporte público en Ciudad de Guatemala? Entre otros, la falta de transparencia en su ejecución, la nula rendición de cuentas de las personas que lo reciben, a lo que se une el rato aun mayor del limitado acceso a la información sobre cómo se entrega dicho subsidio, bajo qué condiciones, cuáles son los requisitos que los dueños del transporte deben cumplir para acceder a dicho subsidio y para operar las unidades, así como cómo se gasta el subsidio –lo cual levanta sospechas solo con ver las pésimas condiciones de las unidades– y cuáles son las maneras en las que los dueños del transporte pueden ser fiscalizados por las autoridades competentes y, lo más importante, por la población que se ve obligada a utilizar y pagar por un mal servicio.




Fuente: Vea Canal TV, 2018.


Pero hey, incluso el subsidio al transporte urbano, con sus retos y años malgastándose, tiene formas de mejorar. Y es que no se requiere inventar el agua azucarada, sino más bien de explorar y analizar soluciones propuestas e implementadas en otros países de la región y del mundo. Por ejemplo, un modelo de subsidio enfocado en el beneficiario final, el usuario del transporte, podría ser mejor que subsidiar a los dueños de las unidades, ya que han demostrado ser poco transparentes con su ejecución, no son fiscalizados y por ende no tienen los incentivos suficientes para proveer un servicio de calidad. A este aprendizaje de experiencias y buenas prácitcas se le debe acompañar de tests y prototipos realizados con verdaderos usuarios de varias áreas de la ciudad para probar si las prácticas extranjeras serían funcionales para la Ciudad de Guatemala, para encontrar qué podría hacerse mejor, antes de lanzar el nuevo modelo de subsidio, y para obtener retroalimentación de primera mano.


Para que un proyecto de esta magnitud sea lo suficientemente representativo, se debe contemplar un equipo multidisciplinario de trabajo, pero también un grupo lo más heterogéneo posible de beneficiarios finales, ya que se debe reconocer que no todos los usuarios tienen las mismas experiencias en el transporte urbano y en el acceso al mismo. Tomar en cuenta las distintas experiencias de mujeres, personas con movilidad reducida, madres que se transportan con sus hijos, los mismos niños, hombres, entre otros, enriquecería los puntos de vista desde los cuales se analizan las necesidades y las diversas alternativas que se deben plantear para abordarlas.


¿Todavía hay esperanzas en que el transporte público urbano pueda ser un servicio de calidad? Debemos mantenerlas, pero lo más importante, debemos exigir las mejoras.




Fotografía de portada: Clark & Kim Kays


https://www.flickr.com/photos/touncertaintyandbeyond/5388004459


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